¿Cómo no perder la calma si hay humo en cabina?
- Ovidio Martínez López

- 4 ene 2022
- 3 min de lectura
Actualizado: 5 abr
Experiencias de un piloto retirado (Capítulo # 2)
¿Sabías que los olores pueden ser una de las señales más sospechosas de que algo va mal en un avión? Pues sí, olores como el combustible o el aire sobrecalentado, se expanden y perciben fácilmente y son alertas de peligro.

Esa fue mi experiencia en un vuelo itinerante HABANA- PARIS-ORLY, el 18 de julio de 1997, en el equipo DC-10-30 matrícula F-GTDH. Despegamos en tiempo y durante el ascenso inicial, próximos al nivel de vuelo FL290 (29 mil pies), sentimos en cabina de mandos olor a aceite de motor y notamos que por los conductos de ventilación estaba saliendo un poco de humo blanco. Inmediatamente ordené al copiloto y al Ingeniero de vuelo ponerse las máscaras de oxígeno. Detuvimos el ascenso y solicité al ingeniero hacer la lista de chequeo de caso anormal por “humo en el sistema de ventilación”.
En ese momento, llegó la sobrecargo mayor a la cabina de mandos y me informa que los ocho baños del avión estaban dando “Alarma de Fuego”. Pregunté si había humo en la cabina de pasajeros y me respondió que sí se percibía un poco. Le contesté: es imposible que haya fuego en los ocho baños a la vez, aplica el procedimiento establecido y revísalos, si no hay fuego rearma el sistema.
Durante la realización de la lista de chequeo dejó de salir humo por los conductos y no pudimos determinar la causa. Teníamos que tomar la decisión de continuar o regresar.
Solicité entonces las opiniones del copiloto y el ingeniero. El copiloto coincidió conmigo: no debíamos arriesgarnos porque si se empeoraba el problema del humo en cabina en medio del Atlántico, la emergencia podía ser más grave.
Decidimos entonces regresar a la Habana y así lo comunicamos al Centro de Control de Miami. A su vez, avisamos a los pasajeros que regresábamos por problemas técnicos en el sistema de ventilación.
Cuando ya estábamos girando para regresar, la sobrecargo mayor nos comunica que ya había cesado el humo y que ningún baño tenía fuego. Informa además, que en la cabina de Primera Clase venía un instructor de vuelo de AOM (desaparecida aerolínea francesa), que había montado a última hora y decía que si necesitábamos alguna ayuda podíamos contar con él. Dije que lo pasaran a la cabina de mandos. Al llegar, le comuniqué lo que había pasado y la decisión que habíamos tomado. Nos respondió que era lo más conveniente y que cualquier problema estaba a nuestra disposición. Le agradecí por su gesto.

En el regreso, durante el descenso, volvió a salir un poco de humo por las tomas de ventilación. Solicité a un compañero ingeniero de mantenimiento de la empresa, que viajaba con nosotros, que ayudara a la sobrecargo mayor a rearmar los sistemas de incendio de los baños si estos volvían a dar “falsa señal de fuego”.
Continuamos el descenso a la Habana. El Control de Tránsito Aéreo nos dio una zona al sur del aeropuerto para hacer el “fuel dumping”, procedimiento que consistió en botar 40 toneladas de combustible para lograr el peso máximo permisible para el descenso. El aterrizaje fue sin contratiempos. Al llegar a la rampa de estacionamiento desembarcaron los pasajeros y nos dispusimos a preparar el avión de reserva (F-GNEM), con el cual hicimos el vuelo dos horas después.
Los técnicos rápidamente sacaron los tres filtros de tela del sistema de ventilación y los encontraron con residuos de aceite. Esto indicaba que había problemas con algún sello retén de lubricación y la grasa en los filtros al pasar el aire caliente producía el humo que salía por los conductos de ventilación y por tanto activaba los detectores de fuego de los baños.
Pudo haber sido peor de haber continuado el viaje. Aprender a volar un avión puede llegar a ser una tarea fácil. Lo difícil, es lograr mantener la calma y tomar buenas decisiones en situaciones de peligro en pleno vuelo.


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