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¿Al volar tienen dudas los pilotos?

  • Foto del escritor: Team Redacción
    Team Redacción
  • 3 mar 2021
  • 2 min de lectura

¿Sufren también los pilotos el llamado síndrome del impostor? Esta es una pregunta que nunca me había planteado. Siempre que viajamos, toca confiar, pero también toca endosar a los pilotos la carga de nuestra vida, de nuestros sueños, de la calidad de nuestros próximos minutos u horas, así que añadimos un montón de presión a su trabajo.


Habrá quien diga que es como aprender a manejar un automóvil. Luego lo haces hasta por inercia, mas esto es simplificar demasiado toda la labor de cálculo, plan de vuelo, listas de verificación, uso de instrumentos, seguimiento de protocolos, toma de decisiones que acompañan a cada trayecto.







¿Nunca dudan de sí mismos? Sí, lo hacen en ocasiones. Este es un fenómeno bastante común cuando se es estudiante. Por más que se aprende, se siente que todavía no basta el conocimiento para volar solo, pero también es un hecho que aparece, por ejemplo, cuando los pilotos de aerolíneas se enfrentan a su primer avión en la primera semana de trabajo.


Mirar a los lados y sentir que el resto de la tripulación sabe más que tú, que cómo te dieron la licencia, que ahora ya no te puedes echar para atrás, mmmhhh…, eso es desafiante.


Algunos confiesan que les pasa casi siempre al cambiar de aeronave o de trabajo. Tener que volver a acostumbrarse, aprender nuevos aspectos, provoca cierta ansiedad. Y lo ven como algo natural, que va y viene.


Ese preguntarse a veces: “¡Rayos!, ¿qué estoy haciendo?”, ya sea cuando se vuela solo, cuando se tiene que realizar un aterrizaje, o cuando se agolpan las mariposas, ya no en el estómago, sino en todo el cuerpo, al estar frente al timón, los más experimentados lo vencen siguiendo adelante. Una vez que logran ejecutar la maniobra vuelven a tener certeza de que no son un fraude.


La receta que dan aquellos pilotos que alguna vez se sintieron como impostores es seguir aprendiendo. Tan sencillo y tan duro como la constancia. Para ellos, la duda se disuelve practicando una y otra vez. Si hay una profesión que necesita enfoque todo el tiempo es esta, puesto que al volar con lo que primero que cargas es con tu propia vida.


Así que no pocos agradecen el beneficio que da la duda. Hay quien manifiesta que ella le hace ser honesto consigo mismo, cuestionarse sus habilidades y entrenar para mejorarlas, porque creer que se sabe todo es la más peligrosa de las maniobras.


Sin embargo, no dejan de advertir, esas personas que hablan desde la experiencia, que esa sensación de no ser suficiente no es real y que se puede empezar a desmantelar con una pregunta: ¿habrían obtenido sus licencias si el instructor no les considerara capaces de volar?


Las expectativas que a veces imponen nuestras sociedades presionan. Ser el mejor, ponerse una etiqueta, llegar más rápido… todo ello llega a hacer un daño atroz. ¿Ese daño se extiende a la aviación? Tendrán que dar testimonio quienes pertenecen a la industria.


Pero hay personas dentro de ella que lo tienen claro: de lo que se trata es de aprender a coger el ritmo y no frustrarse por el hecho de que quien está al lado sepa más. No suele llegar de golpe la experiencia.


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