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¿Pagarías por quedarte en un hotel creado a partir de un viejo avión?

Foto del escritor: Team Redacción
Team Redacción
7 may 2021
2 min de lectura

Un avión entero para ti, un ¡wow!, una experiencia única en cabina, viendo desde una pista cómo despegan y aterrizan los aviones del pequeño Aeropuerto Internacional Teuge, en los Países Bajos.





Esa es la experiencia que promete y que describen quienes se han hospedado en Vliegtuigsuite, un hotel de lujo, lleno de comodidades, cargado de detalles, creado a partir de un avión de unos 40 metros de largo.


Se dice que este Ilyushin Il-18 fue construido en 1960, con capacidad para 120 pasajeros, y que, aparte de trasladar a políticos importantes de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), estuvo también dos décadas al servicio de la también extinta aerolínea estatal Interflug.


La experiencia se vuelve increíble para quienes la viven porque la cabina se conserva en su forma original, con luces, interruptores, palancas, y con el agregado de poder tocar cuanto se quiera y poder sentirse piloto o copiloto todo el rato.


Cuando hablamos de noches en hoteles creados dentro de un avión en tierra, hablamos de que lo que se paga son las sensaciones.

El saber que toda la carcasa resistió vientos feroces, soportó temperaturas extremas, traspasó nubes, que por esas ventanas miraron con curiosidad otros ojos, y que los controles fueron accionados por otras manos, en otras épocas, sin permitirse titubeos, se une a la experiencia de poder tocar, sentir la forma, e imaginarse uno mismo en situaciones similares.


Hoy casi todos los hoteles que ofrecen este tipo de experiencia están fuera de Latinoamérica.

Toca trasladarse a Le Haut Village, en Francia, para hospedarse en la mitad de un avión pequeño ya sin alas; toca volar a Nueva Zelanda para disfrutar, en Woodlyn Park, de un viejo carguero Bristol Tipo 170; toca viajar a Gales, Reino Unido, para quedarse en un Lockheed JetStar de los años 70 o, si se busca algo más grande, irse a Suecia, al Jumbo Stay, para deleitarse en un Boeing 747-200 de 1976, situado a 20 metros del aeropuerto internacional de Estocolmo-Arlanda.


Mas no todo está perdido en la región latinoamericana. En América Central, específicamente en Costa Rica, el hotel Costa Verde tiene entre sus atracciones un Boeing 727 del año 1965.

Esta vez la aeronave no está en tierra, sino que ha sido fijada a 50 pies de altura, sobre pedestales. Así, a la vez que ofrece una vista al cielo y a toda la jungla que hay en derredor, crea la sensación de que se está suspendido en el aire.


Aunque algunas de estas experiencias han apostado por combinar el lujo con la conservación de partes originales de los aviones, otras se han centrado en mostrar de qué está hecha realmente la nave, cuáles son los olores que arrastra desde antaño, que materiales la componen, cómo evolucionan, qué sonidos generan.


Y si bien para algunos la experiencia no es genuina si no se está en el aire, para otros se vuelve una manera de habitar esa especie de museo de aviones en desuso, con una producción descontinuada, pero que cargan consigo la energía o el espíritu que aporta el tener una historia de vuelo detrás.


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