Testigos de accidentes aéreos: ¿héroes, documentalistas, o inconscientes?
- Team Redacción

- 18 may 2021
- 3 min de lectura
Hace poco, un artículo que encontré en la red me hacía reflexionar sobre qué hacer si somos testigos de un accidente aéreo. El escrito en cuestión ofrecía una serie de directrices sobre cómo actuar de manera ideal en un caso tan lamentable; sin embargo, la realidad siempre es capaz de superarnos.

¿Huir de la escena o adentrarse en ella para ver a quién se puede rescatar? Ambos dilemas lo vivieron personas que vieron cómo caía el vuelo 972 de Cubana de Aviación en mayo de 2018.
Hay que notificar a las autoridades, pero buena parte de las veces los nervios no dejan pensar, y en ocasiones asumimos que eso de movilizar a los que se encargan del rescate, de apagar el fuego, y de la custodia de la zona, ya ha sido cubierto. Y por lo general, cuando se trata de accidentes aéreos, suele ser así. La propia torre de control se encarga.
El problema radica en cuánto se tarda en llegar a la zona. Son los pobladores que viven cerca los primeros en ver las escenas. En el caso del accidente en La Habana pienso en que las imágenes que hoy nos quedan nos muestran a civiles, metidos entre el calor y el fuego, buscando a sobrevivientes, y al menos cuatro fueron cargados en brazos hasta las camillas disponibles y al menos una sobrevivió.
Y puede que moverlos de la forma en que fueron movidos, después del trauma tan grande que sufrieron, no ayudara, pero ¿qué hubiese pasado si se hubiese esperado más?
Tras el accidente del avión en La Habana, había agentes del orden, pero también había muchos civiles caminando entre los restos del avión, algunos tocando para ver si había vida y otros desbordados por la curiosidad.
Varios lentes de celulares –hoy tan comunes- fueron lo suficientemente discretos para documentar lo que allí pasaba, sin detenerse en enfocar los rostros sin vidas y los cuerpos desgarrados. Mas esa regla ética, de respetar la integridad de las víctimas, de no tomar fotografías de los cuerpos, de no saquear sus pertenencias, no siempre fue respetada.
Unos padres afectados denunciaron públicamente, con el mayor dolor que se pueda tener, la burla y exposición en video de los intestinos de su hijo por parte de unos muchachos que filmaban. Esos mismos padres pedían desesperadamente, a quien lo hubiese tomado, la devolución del celular de su hijo porque ahí estaban sus fotos.
¿Conocían los chicos que no debían grabar esas imágenes y mucho menos difundirlas? Probablemente jamás supieron que existía una norma al respecto, aunque sí sabían lo que podían generar sus actos. Viralidad.
¿Hay ahí una ausencia de valores que nos hagan ser solidarios con el dolor de otros? Sí. Y eso no lo arregla un manual de instrucciones de cómo actuar si se está presente.
Nadie espera ni quiere ser testigo de un suceso así. La mayoría sabemos, hasta por intuición, que no hay que tocar, que hay que ayudar a preservar las pruebas, los restos de la aeronave, que hay que respetar la integridad de los cuerpos y de las pertenencias, que hay algo de sagrado en ello porque, ante el horror, el dolor nos alcanza y, sin embargo, la vida nos muestra que no basta con saber las reglas.
Ser solidario, ser respetuoso, ser responsable no se aprende leyendo un “cómo actuar si se es testigo de un accidente aéreo”, aunque nos sirva para enterarnos. Las reacciones que se tengan en esos momentos ya vienen modeladas desde la casa, desde la escuela, desde los entornos que nos han rodeado durante muchos años.




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